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Los pequeños fandoms organizacionales o el valor de la inteligencia política
por Alfredo Carrasquillo

Con frecuencia me encuentro con líderes organizacionales que resienten o se impacientan con culturas organizacionales y prácticas de trabajo que no están a la altura de los desafíos del momento. Confieso que cuando comienzo a trabajar con ellos siempre me habita, de entrada, la sospecha de que podrían ser quejas externas a su desempeño para evitar reconocer -y, en consecuencia, trabajar- con los desafíos y ajustes que como líderes deben atender. Según el trabajo avanza, descarto esa sospecha.
Se trata, muchas veces, de directivos con buenos niveles de apertura a la vulnerabilidad, autoconciencia y pasión por el crecimiento. Reconocen y se comprometen con atender sus áreas de oportunidad y acogen con gratitud los regalos de feedback que reciben, y se sirven de ellos para avanzar en su desarrollo. Pero, al mismo tiempo, sienten que tropiezan con obstáculos a la disciplina y la excelencia a la que aspiran. Detectan hábitos y prácticas organizacionales contraproducentes para el logro ágil y efectivo de los objetivos organizacionales.
Por tratarse de líderes que todavía no ocupan una posición nivel C, se sienten muchas veces de manos atadas para impulsar los cambios culturales que podrían contribuir a remover esos obstáculos. Se quejan, se lamentan y hasta sienten nostalgia de lo diferente que podrían ser las cosas si se modificaran hábitos y prácticas de trabajo, pero perciben que no pueden hacer nada. Se concentran en seguir cultivando su jardín, pero habitados por el malestar de estar andando con esas piedras en los zapatos.
Ahí es que nuestro trabajo como coaches ejecutivos puede introducir preguntas y emplazamientos para abrir otras posibilidades. ¿Y si en tu círculo de influencia puedes impulsar esos cambios culturales y convertir a tu equipo en un ejemplo para el resto de la organización? ¿Y si pasas del lamento a la exhortación al cambio? ¿Y si buscas otras maneras de aprovechar los foros ejecutivos para influir, vender y convocar al cambio?
La inteligencia política, esa capacidad de identificar las narrativas e interacciones más efectivas para influir, incidir y convocar a otros al cambio, es un espacio inmensamente fértil y prometedor para que estos líderes pasen de la impotencia a la posibilidad. Para alejarse de la trampa de sentir que no hay nada que puedan hacer y desplegar un estilo de influencia e inspiración que, hacia arriba, entre pares y hacia abajo, logre contagiar positivamente la pasión por cambiar para mejorar.
Cuando los líderes son políticamente inteligentes, movilizan a otros a un trabajo de cambio cultural que atiende las modificaciones culturales que deben impulsarse. De paso, construyen una legitimidad como líderes comprometidos con la mejora continua e influencers internos que movilizan a otros a andar de modo diferente.
Tal vez son tiempos en los que estos líderes pueden crear pequeños fandoms organizacionales -esos reinos de fans en los que, como los artistas en las redes sociales, son capaces de convocar a otros a comprometerse con una transformación cultural deseable y necesaria. Cuando esos líderes optan por esa ruta, al tiempo que avanzan en la atención de sus oportunidades de desarrollo individual como líderes, se convierten en directivos imprescindibles para el presente y futuro de la empresa. Y como coaches podemos celebrar que el trabajo de coaching produjo resultados valiosos tanto para el ejecutivo como para el cambio organizacional del ecosistema en el que opera.